Cuando hablamos de sueños, probablemente el más popular es el aclamado Sueño Americano. En este momento millones de miradas desde nuestros países, familias y conocidos siguen con atención y expectativa lo que sucede con nosotros en las tierras del norte de América.

Es común escuchar o leer en nuestros teléfonos preguntas averiguando: “¿cómo va lo tuyo? ¿al fin qué ha pasado? Mijo, pidiéndole a Dios que todo le salga rápido”.

Encontramos este extraordinario país como la plataforma ideal para salir adelante, suplir las necesidades primarias, en otras palabras, realizar el sueño. Son muchas las expectativas con las que llegamos. Muchas personas vienen en busca de nuevas oportunidades, otros vienen huyendo de distintas situaciones en sus países, sin duda, esta es una opción irresistible para tener una vida mejor.

Llegamos y rápidamente nos acomodamos, sale esa recursividad del latino que viene forjada por las condiciones de nuestros sitios de origen. Gente capacitada, con una fortaleza para trabajar interminable, muchos vienen bien preparados, otros aprenden con gran facilidad. Personas con empuje, con ideas, que se le miden a todo y con una meta entre ceja y ceja, el gran sueño americano.

Pero pareciera ser que tan pronto nos acomodamos, rápidamente también nos desviamos del camino hacia el sueño.

Pronto te encuentras manejando un buen carro, con el último teléfono, compartiendo una casa con electrodomésticos nuevos, en la billetera tienes una o varias tarjetas de crédito. Te das cuenta que con lo que ganas, puedes ir a un restaurante como en el que probablemente trabajaste, tienes acceso a todas las opciones de entretenimiento. Fácilmente se cae en un juego de difícil salida, teniendo en tus manos los tesoros que todo el mundo quiere, pero tu sueño personal se escurre entre tus dedos ¿estás dispuesto a negociar o soltar la comodidad de estos beneficios?

El sueño americano se convierte en obligaciones, tu libertad se mide por tu capacidad de endeudarte y cada vez se esconde más la posibilidad de hacer algo distinto con tu vida que trabajar y trabajar.

¿Qué pasó con tu sueño americano? ¿Aún lo recuerdas? ¿Tienes claro cuál es? Hoy día, muchos responden que su sueño americano es volver a su país. Todo lo que crees que has conseguido es frío y sin vida. El carro, los juguetes y la ropa nueva no nos llenan, no nos dan sosiego, no nos hacen sentir más amados ni valorados. Empieza a surgir un incesante anhelo de volver a nuestro país.

Creamos una idea mental de cómo es allá con nuestra familia, con el calor de nuestra gente, de lo simple pero valiosa que es la vida, donde tenemos el afecto de los que nos quieren. Cuando vamos de visita hay reuniones, comidas, tenemos la oportunidad de exhibir todo lo que hemos conseguido y somos el centro de atracción y admiración.

Al regresar a nuestro hogar, a nuestro sueño americano, crece la sensación de anhelo y la fuerza de los recuerdos. Empezamos a vivir como parados con cada pie en un bote distinto, divididos. Queriendo estar con nuestra familia, pero sin querer soltar lo conseguido aquí con tanto sacrificio.

¿Te gustaría conocer una fórmula para salir de esta trampa mental?

Todo se trata de valorar, se trate de darte cuenta dónde estás y lo que está pasando a tu alrededor. La atención en lo que no tienes es la que no te está permitiendo ver los verdaderos tesoros que tienes para ti, empecemos a enumerarlos.

Desde que llegaste has empezado a construir amistades con personas con quienes has vivido momentos cruciales en tu vida. Ellos te entienden porque están viviendo lo mismo que tú, por eso en pocos meses construyes relaciones que parecen de varios años. Ahora tienes aquí a tus hijos, a tu pareja, probablemente algunos familiares. Tienes un hogar, una familia, por eso no te quieres ir, por eso a muchos les atormenta la idea de una deportación o de tener que partir.

Valora y ama tu origen, pero dale el justo lugar a la tierra que hoy te acoge. Vienes echando raíces, tienes gente que te valora. Aquí te has dado cuenta de qué estás hecho, de todo lo que tienes para dar, de lo que puedes trascender.

Es un mágico lugar que te ha acogido con su naturaleza, sus mares, sus diarios e impactantes atardeceres. Te has encontrado en el camino con muchísimas personas que te han ayudado sin conocerte, que te enseñaron para que pudieras trabajar, que te compartieron un poco de comida. Has conocido culturas, lenguajes, historias de otros países, música, culinaria. Hoy tomas cortadito, sabes cuál es la bandeja paisa, la milanesa argentina y has probado la cachapa.  

¿Te das cuenta? Por eso es que no te quieres ir de tu sueño americano. La respuesta está en lo que tú puedes valorar, no está ni en los Estados Unidos ni en tu país, está en ti. Has conseguido todo lo que soñaste, pero no lo has disfrutado realmente porque estás pensando en otra cosa. Es como si te devolvieras a tu país y todos los días estuvieras pensando en regresar.

Entrégate al instante, entrégate a lo que tienes en frente. Da lo mejor de ti en cada paso, valora el aire que respiras. Mira a los ojos a las personas con quienes te encuentras todos los días. Suelta ya la idea de que esto temporal y déjales entrar a tu corazón, ahora tus dos familias son una, tus dos tierras son una, todo se une en tu Corazón.

Esto es vivir consciente tu sueño americano, es soltarte a valorarte y apreciarte a ti mismo en cada cosa que vives, cuando estás en tu país amas tu país de origen, pero cuando estás aquí, amas tu país de vida, porque es donde estás viviendo aquí y ahora. Despierta del sueño y empieza a vivir tu realidad.

Por BHAIRAVINANDA

UNIVERSITY OF CONSCIOUSNESS

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